El contenido de esta sección fue desarrollado en alianza con Teach Us Consent, una organización dedicada a la educación sobre el consentimiento
Obtén más información en el artículo de Teach US Consent sobre Control coercitivo
Cómo saber cuál es la diferencia
En las primeras etapas de conocer a una persona, no siempre es fácil distinguir entre alguien que es genuinamente cariñoso y entusiasta y alguien cuyo comportamiento es algo totalmente distinto. La intensidad puede confundirse con el interés y la atención, con el afecto. La línea que los separa es si la persona respeta constantemente tus decisiones, tu autonomía y tus límites.
Preocuparse por ti vs. vigilarte
A menudo, los medios muestran el control como una forma de cuidado romántico o protector: el interés amoroso melancólico que siempre necesita saber exactamente dónde estás o la pareja apasionada que, en realidad, solo es posesiva.
La verdad es que esperar actualizaciones constantes sobre dónde estás y cómo pasas tu tiempo puede ser una forma de control.
Digamos que saliste con tus amigos y hace rato que no revisas tu teléfono. Cuando al fin lo haces, hay un mensaje de la persona con la que estás saliendo, deseándote que la pases bien y preguntándote dónde terminaron tú y tus amigos. Está perfectamente bien. Cuando alguien está interesado en ti, piensa en ti.
Sin embargo, si encuentras en tu teléfono una serie de mensajes furiosos preguntándote en dónde estás, con quién estás y por qué no has respondido, seguido de justificaciones como “me preocupo por ti, ¿es tan difícil enviar un mensaje rápido?” o “Si realmente te importara, no dejarías mi mensaje en visto durante dos horas”, quizá sea momento de pensar las cosas.
Esto va también para compartir tu ubicación. Que te digan “Solo quiero saber que estás bien” puede parecer razonable y, en algunos contextos, compartir tu ubicación con una persona de tu confianza no solo es una petición justa, sino una buena idea. La diferencia radica en cuando se convierte en una expectativa habitual en lugar de una oferta, o cuando decir que no resulta incómodo. Eso es un indicio de que algo no está bien.
Saber dónde estás en todo momento no es lo mismo que preocuparse por ti y la confianza no se construye mediante la vigilancia.
Emoción romántica vs. “lovebombing”
Imaginemos que llevas un mes saliendo con alguien. Te dice que disfruta mucho pasar tiempo contigo y que le emociona seguir conociéndote. Hace planes para volver a verte y la conexión se desarrolla a un ritmo que les resulta cómodo a ambos. Esa es emoción genuina: un interés que crece de manera orgánica con el tiempo.
Vale la pena señalar que el término “lovebombing” (o bombardeo amoroso) se usa mucho en estos días. A veces se usa incorrectamente para describir un comportamiento que, en realidad, simplemente corresponde al comportamiento de una persona romántica o entusiasta. Que alguien planee una cita bien pensada, envíe un mensaje cariñoso o incluso te haga una escultura un poco chueca en su clase de cerámica porque se acordó de ti no es bombardeo amoroso.
El lovebombing es un patrón de gestos exagerados. Algo más parecido a “me sorprendió con un viaje con todo reservado y pagado a las tres semanas de conocernos y los vuelos no son reembolsables”.
Este es otro ejemplo: “Supe que eras muy especial desde el momento en que te conocí, nunca antes me había sentido así con nadie”, o incluso empezar conversaciones sobre mudarse juntos, tener hijos o casarse incluso antes de saber su apellido.
Parece intenso y vertiginoso. Y ese es el punto: cuando la intensidad emocional es tan alta y tan rápida, se vuelve muy difícil evaluar la relación con claridad. El ritmo acelerado genera una especie de presión, lo que te dificulta tomarte un respiro y preguntarte si esto es realmente saludable y equilibrado para todas las personas involucradas.
Victimismo vs. vulnerabilidad saludable
Llevas un par de meses conociendo a alguien y, durante una llamada, te cuenta abiertamente sobre un periodo difícil de su vida. Es un tema duro, pero no abrumador. Hay un intercambio natural y fluido entre ambos y, al final de la conversación, se sienten un poco más cercanos. Este es un nivel saludable de vulnerabilidad, en el que ambos se abren con el otro a un ritmo cómodo. Así es como se desarrolla la comprensión y conexión genuinas entre dos personas.
La cosa cambia si solo han tenido unas cuantas citas y las conversaciones suelen girar en torno a cómo todas las personas de su pasado le han hecho daño, o si dice cosas como “todas las personas en las que he confiado me han decepcionado, pero tú eres diferente” o “eres la única persona con la que puedo hablar de estas cosas”.
Siendo realistas, esa es demasiada responsabilidad emocional como para cargarla sobre alguien a quien apenas conoces, por no hablar de alguien nuevo.
La vulnerabilidad saludable invita a la conexión mutua, mientras que alguien con comportamiento de víctima autoproclamada exige validación emocional. Esta dinámica puede hacer que dar un paso atrás en la relación sea muy difícil porque, cuando alguien asegura que no tiene a nadie más, marcharte puede parecer cruel, incluso si la relación no es buena para ti.
Con el tiempo, esto también puede fomentar la codependencia, dificultando así que ambos respeten los límites y la autonomía del otro, o incluso que confíen en sus propios instintos sobre lo que realmente quieren.