El contenido de esta sección se ha desarrollado en colaboración con Teach Us Consent, una organización dedicada a educar sobre el consentimiento
¡Sí, consentimiento! — Reflejo de la capacidad (embriaguez y sustancias)
Ambas personas están borrachas durante la cita. Este escenario explica cómo manejar la situación.
Ambas personas están a punto de irse a casa de una de ellas, pero empiezan a darse cuenta de que están demasiado ebrias para tener relaciones sexuales y se lo comunican mutuamente. Las sugerencias iniciales son simplemente relajarse y acurrucarse en lugar de mantener relaciones, para ver cómo se sienten después, pero al final ambos deciden que lo mejor es irse a sus respectivas casas, irse a la cama y esperar la resaca que se avecina (quedando en volver a intentarlo y verse otro día). Dan por terminada la noche y ambos se aseguran de que la otra persona haya llegado a casa sana y salva, preguntándose mutuamente. ¡Sí! ¡Eso es consentimiento!
El consentimiento genuino solo puede darse cuando todas las personas tienen la capacidad de tomar decisiones informadas sobre lo que está pasando. La embriaguez es uno de los factores que pueden afectar a eso.
Por ejemplo: estás en una cita estupenda (la mejor barbacoa coreana que has probado nunca), la conversación fluye y los dos os habéis tomado algunas copas. Bueno, quizá más bien unas cuantas. Con ganas de mantener el buen rollo, decidís ir a tu casa.
Mientras camináis juntos de vuelta, hay un par de tropiezos entre risas aquí y allá. Es entonces cuando te das cuenta: los dos estáis más borrachos de lo que pensabais… y quizá no tienes claro si, después de todo, te apetece seguir adelante con esto.
Decides comunicarte con la otra persona para decirle en qué punto te encuentras: "Oye, ¿cómo te sientes ahora mismo? Me gustas un montón, pero creo que, la verdad, he bebido demasiado".
Resulta que los dos pensáis lo mismo. En lugar de seguir adelante, decidís ver una película y volver a valorarlo dentro de unas horas, o por la mañana.
Optar por no forzar las cosas cuando hay incertidumbre en torno al consentimiento siempre es una buena idea. No hay prisa, y eso da a todas las personas implicadas más tiempo para construir la conexión y la intimidad. Además, no hay nada incómodo ni raro en cuidarse mutuamente y querer tomar decisiones claras, ¡al contrario!
No es consentimiento: libre y voluntario, mutuo y continuo (presión y obligación)
Tienes derecho a cambiar de opinión, incluso si antes habías aceptado algo mientras charlábais (un rollo de una noche, un acto sexual concreto, o lo que sea); de ninguna manera tienes la obligación de cumplirlo. No tienes por qué hacer nada si no te apetece.
Por ejemplo: puede que hayas estado chateando con alguien de Hinge con quien ya has tenido unas cuantas citas y hayáis hecho grandes planes para esta noche, pero cuando por fin llegas a casa solo te apetece un abrazo.
No pasa nada. Y es normal cambiar de opinión. El estado de ánimo cambia, las cosas no siempre salen como se espera. Tienes derecho a decirle cómo te sientes, y deberías hacerlo.
Pero, digamos que te das cuenta de que no estás de humor y se lo dices, y esa persona empieza a presionarte, a manipularte o a hacerte sentir culpable para que sigas adelante con todas esas cosas de las que ambos estabais hablando antes por mensaje, y al final cedes y sigues adelante porque te sentías mal o con la obligación de hacerlo. Pues bien… ese no es un encuentro consentido.
El consentimiento no es un contrato vinculante acordado una sola vez. Es mutuo y continuo, y debe darse libremente, no por sentirse presionado u obligado a ello, sino porque todas las personas implicadas lo desean de verdad.
Nadie tiene derecho al sexo, pase lo que pase o se haya acordado lo que se haya acordado antes. El mejor sexo es aquel en el que todos quieren participar activamente.